Cómo los movimientos telúricos afectan las ciudades


Eran las once, cuarenta y nueve de la noche cuando un terremoto de 8.2 sacudió los estados mexicanos de Oaxaca, Chiapas, y Tabasco. Aunque este terremoto, que ocurrió el 7 de septiembre del 2017, causó muchos daños, no fue tan devastador como el terremoto de 1985. El terremoto del año 85 fue menor en magnitud, pero causó más daño comparado con el del año 2017.

La magnitud de un sismo se expresa como grados en la escala de Richter. La intensidad de los sismos depende de la cercanía del lugar donde se originó el temblor, llamado epicentro, con los poblados, además de las características del suelo. Un suelo arenoso se mueve más que uno que no lo es. La ciudad de México, por ejemplo, fue fundada sobre un lago, por lo que su suelo es arenoso.

Los terremotos pueden ser clasificados como de subducción o de interplaca. Los terremotos más frecuentes son de subducción y suceden cuando dos o más placas tectónicas chocan entre sí, una de las placas se mueve hacia abajo mientras que la otra se mueve hacia arriba. El terremoto del 7 de septiembre fue de interplaca, que sucede cuando fragmentos dentro de la placa se mueven y reacomodan. Es raro tener un terremoto de interplaca con magnitudes tan grandes.

La tecnología para registrar terremotos ha cambiado mucho durante los años. Antes, las estaciones que registraban los sismos requerían enormes rollos de papel que debían ser tiznados con humo; ahora la maquinaria es del tamaño de una lata de refresco, y las computadoras son del tamaño de una tableta. Con el avance de la tecnología ahora podemos detectar movimientos más precisamente, usando la escala Richter para describir la magnitud de los sismos, sólo que ésta ha sido ajustada para registrar sismos más pequeños, que son expresados con números negativos.

Los sismos son un fenómeno natural que sin duda merece ser estudiado mucho más.

[Fuente: letraslibres.com]

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